lunes, 7 de octubre de 2013

uno

Sufrir por amor es muy sencillo, somos nosotros quienes lo hacemos ver complicado. En el mejor de los casos aceptamos el dolor desde el principio, nos lo llevamos a cuestas sin rechistar y nos tragamos una a una las lágrimas; en el peor, nos lo negamos hasta hartarnos a nosotros mismos y terminamos por admitirlo a regañadientes como si de un castigo se tratara. No es un castigo, es una consolación bastante inusual.
     Desde la última vez que pasé por esto hace un par de años, no había escrito con tanta libertad sobre mis emociones, no le había escrito a nadie con tanta honestidad. Esta vez no he reprimido lo que quiero decirte, porque tengo muchas cosas que decirte. Tengo todavía amor que darte, a mi manera o a la tuya, en silencio o a voces; nunca va a ser suficiente.
     A veces no sé si lloro por ti o por mí. Por ti porque te has ido y no te has ido, sigues donde siempre pero sin mis besos. Por mí porque me quiero ir y no puedo, me detiene lo que he empezado a sentir por tus ausencias.
    Me haces falta. No te encuentro cuando quiero buscarte dentro de mis sinsentidos.

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